Qué son los pipicanes
Compartiendo experiencias

Pipicanes: ¿qué son? ¿afectan a la conducta de tu perro?

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Gabriella Tami
Doctorada en Veterinaria y Máster en Etología


Un lugar de entretenimiento para perros, protegido de patinetes, bici y similares, donde los canes pueden moverse en libertad y jugar con otros perros, además de poder hacer allí sus necesidades. Suena bien, sobre todo para los perros que, para cumplir con las ordenanzas municipales, tienen que ir atados todo el tiempo. Sin embargo, muchos profesionales del comportamiento desaconsejan llevar el perro al pipican, así que vamos a descubrir qué pasa en estos espacios.

¿Qué es un pipican y cuáles son sus funciones?

Un pipican es un espacio vallado que, como sugiere su nombre, está destinado, al menos en parte, a la satisfacción de las necesidades fisiológicas de los canes, evitando que los perros orinen y defequen en otros puntos del espacio urbano. Además, al estar vallado permite que el perro disfrute de este momento sin ataduras. Más allá de esta definición general, cada pipican es diferente y esto puede influir en cómo se pueda utilizar:

Los hay de diferentes formas y tamaños.

Con divisiones internas para crear recintos más pequeños.

Con bancos para quien acompaña al perro. 

Con equipamiento para que los perros hagan actividad.

Con uno o varios puntos de entrada. 

Con puertas de acceso simples o dobles. 

Con vallados más o menos altos.

Con o sin vegetación.


Entre estos aspectos, el tamaño es seguramente el que más influye sobre la posibilidad de utilizar el pipican como una zona de entretenimiento y socialización, más allá de su función de lavabo: los perros necesitan espacio para gestionar sus interacciones sociales y reducir el riesgo de malentendidos y confrontaciones. Solo teniendo suficiente espacio, un pipican se puede convertir también en un espacio donde un perro puede relacionarse con otros perros y con personas, explorar, saltar, jugar y disfrutar de cierto grado de libertad. Dicho esto, el tamaño mínimo para cumplir con esta función depende de la cantidad y del tipo de perros que visitan una instalación al mismo tiempo y, lamentablemente, es muy fácil encontrar pipicanes demasiado pequeños para que los perros se puedan relacionar en armonía con otros perros. 

 

Bancos para los acompañantes

Puertas de acceso simples o dobles

Equipamiento para su actividad

Vallados más o menos altos

Varios puntos de entrada

Con o sin vegetación

¿Cómo pueden afectar a la conducta de un perro?

Cada experiencia puede tener un impacto sobre el comportamiento de un perro y las que ocurren en un pipican no son una excepción. Ahora bien, ¿qué experiencias se pueden vivir en un pipican? Más allá de descubrir que allí puede hacer sus necesidades y le van a dejar un rato suelto, muchas de las experiencias que un perro vivirá son de tipo social. Por lo tanto, dependiendo de qué perros (y personas) encontrará y del tipo de interacción que tenga con ellos, el comportamiento de éste puede sufrir cambios marcados. 

A raíz de unas malas experiencias, incluso un perro inicialmente sociable con sus congéneres puede volverse más irritable y menos tolerante, puede estar más a la defensiva y recurrir a mensajes más contundentes para comunicarse con los demás.

Es importante remarcar que una mala experiencia no es necesariamente una pelea con mordidas y lesiones: hay situaciones desagradables, en las que un perro se asusta o se frustra, que, a menudo, pasan desapercibidas o casi para quien acompaña al perro al pipican. Varios ejemplos son: al entrar en el pipican y ser alcanzado por varios perros que se acercan corriendo a la vez, jugar con un compañero de juego demasiado brusco, recibir las atenciones insistentes de otro perro que no respeta las señales de “no quiero jugar/interactuar contigo”, ver a otro perro “robar” su juguete, etc.

Algunas de estas situaciones son especialmente problemáticas cuando involucran a perros de tamaño muy diferente o a cachorros. En este último caso, su corta edad les hace especialmente impresionables y una mala experiencia, cuando todavía se están haciendo una idea de lo que hay que esperarse de los demás perros, puede tener consecuencias negativas y duraderas sobre su conducta.

Algunos perros no han tenido experiencias sociales desagradables en el pipican, sino todo lo contrario. Estas experiencias pueden contribuir a perfeccionar sus habilidades sociales, mientras se divierten. Pero la diversión no siempre es garantía de que sus habilidades sociales mejoren: es el caso, por ejemplo, de los perros que, bajo la mirada distraída de su acompañante, pueden desarrollar o ensayar un estilo de juego brusco, placentero para ellos, pero no igualmente divertido para su compañero de juego. 

Más allá del efecto a largo plazo, el hecho de haber ido al pipican puede modificar la conducta de un perro también en el corto plazo: cuando ha hecho suficiente actividad física se ha entretenido, ha explorado, ha jugado con otros perros y ha recibido suficiente estimulación mental, tiene todos los números para ser un perro que se relaje una vez en casa.  

¿Es un lugar idóneo para todos los perros?

Sin tener en cuenta los pipicanes que solo sirven como lavabo canino, algunos perros no son candidatos ideales para ir a un pipican y relacionarse con los otros. Entre ellos hay los que se muestran agresivos hacia perros o personas, los perros que tienen miedo a los demás, los que no disfrutan de la interacción con otros perros o que no saben gestionarlas adecuadamente, las perras en celo y los cachorros que aún no están socializados. Para éstos, el pipican no es un lugar recomendable a no ser que no haya nadie más dentro: en este caso, podrían disfrutar, como mínimo, de un rato en libertad. Los cachorros sin vacunar, en cambio, tampoco son buenos candidatos para utilizar el pipican cuando están solos: para ellos, el riesgo sanitario es demasiado alto. 

En el caso de un perro que tiene miedo a los demás, el propietario podría tener la tentación de llevarlo al pipican para que tenga contacto con otros perros y descubra por fin que los perros no son peligrosos. Sin embargo, a menudo ocurre lo contrario y el pipican se convierte en un lugar aterrador: las malas experiencias que un perro pueda vivir allí solo confirmarán que los perros son realmente “peligrosos” y… no hay que olvidar que un perro asustado puede reaccionar de forma agresiva para defenderse. 

Si un perro tiene miedo hay que evitar terapias “caseras” y ponerse en las manos de un buen profesional. También hay que contactar con un profesional si el perro reacciona agresivamente hacia personas u otros perros o si ha desarrollado algún hábito inadecuado en la interacción con los demás.

El pipican no es el lugar donde socializar a un perro. Para poder disfrutar de la experiencia del pipican, éste ya tiene que haberse socializado correctamente, es decir, ya tiene que haber adquirido una conducta social adecuada. Por esta razón, antes de llevarlo a un pipican para que se relacione con los demás, hay que comprobar sus tendencias sociales y, en caso de dudas, preguntar a un profesional. 

Los perros que pueden disfrutar en un pipican son perros confiados, que disfrutan de las interacciones sociales y saben comunicarse bien con otros perros. Ten en cuenta que también hay perros que cumplen bastante con estos requisitos, pero no disfrutan del juego con otros perros a no ser que se trate de un puñado de “amigos”. Esto no es un problema (a los humanos también nos puede pasar) pero habría que analizar bien si este perro pudiera o no pasarlo bien en un pipican.

Prácticas que debemos seguir y evitar en un pipican

Una vez sabemos lo que es un pipican y si es el indicado, es imprescindible saber qué prácticas son las que debes seguir dentro de este espacio y cuáles son las que debes obviar para facilitar un ambiente tranquilo y equilibrado. En este artículo te mostramos lo que debes hacer y evitar en un pipican para que la experiencia en el pipican con tu perro sea la mejor posible.

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